Apuntes cotidianos

25.7.06

¿No podría actuar la justicia?

Desde hace tiempo el Estado de Israel viene aplicando una nefasta política de defensa con la connivencia de Estados Unidos. No me gustaría valorar la legitimidad del sionismo y del propio estado de Israel, si bien, me parece incontestable la condena a su política de seguridad basada en la tropelía militar, el asedio de civiles y el asesinato más o menos selectivo. Algo que solo es éticamente comparable con lo que hacemos los europeos de tapadillo, o lo que hace EEUU en la versión más soez. Nos preguntaremos después por la raíz del odio.
Contamos en nuestra triste historia reciente con la vergüenza de haber contado como presidente con un firme defensor de la política del zambombazo. Un necio petulante que da muestras de hablar sin escrúpulos y con seguridad absoluta de temas que a penas intuye, se imagina o le han contado su buen amigo y bien informado G.W.Bush (aún me pitan los oídos oyendo esa frase: “créanme todos los españoles cuando les digo que en Irak hay armas de destrucción masiva”, una mentira que nos costó mancharnos las manos de sangre y por la que jamás pidió perdón).
Hoy aparece en el diario (El Periódico de Catalunya 25-Julio-2006) la noticia de que nuestro ilustre ex-presidente, un su implacable mezquindad intelectual, “pide que la OTAN acepte a Israel y bombardee el Líbano”.
Y yo me pregunto, con un Tribunal Penal Internacional, con una estricta legislación que penaliza la apología del terrorismo, con una ley de partidos que prohíbe los partidos que no condenen el terrorismo... ¿No se podría prohibir el PP por no condenar el terrorismo de EEUU y de Israel? ¿No se podría encarcelar a José María Aznar por apología del terrorismo? ¿No se podría juzgar por crímenes contra la humanidad por colaboracionismo con EEUU?

10.7.06

Cuesta no peguntarse qué está pasando

El otro día fui al bar de siempre, a tomar unas bravas. Para mi sorpresa, los camareros eran asiáticos... las especialidades de pulpito, chocos y calamares seguían figurando en la carta, pero algo ya no era lo mismo. No es el primero ni será el último bar que cambia de dueños. Cerca de mi casa tengo ahora el “Bar Chino Albariño”. Me pregunto si los actuales dueños sabían qué era un Albariño antes de hacerse con el bar. Mientras me ofrecen pan chino para acompañar las bravas, me pregunto si habrán estado alguna vez en As Rias Baixas.
Recuerdo cuando iba al colegio y posteriormente al instituto, los muchos compañeros cuyos padres regentaban un bar. Un trabajo familiar tremendamente exigente, cuya rentabilidad se sustentaba sobre la solidaridad familiar y un desprecio inhumano al tiempo de ocio propio.
Me llamaba poderosamente la atención la especial concentración de gallegos en este gremio y el gran número de ellos que habían recalado en Alemania o Suiza antes de instalarse en Barcelona.
Cuando llegué a la universidad, era tal mi intriga que hice un pequeño trabajo de investigación sobre la materia: muchos fueron a Alemania a trabajar, atesorando algunos ahorros gracias a estilos de vida tremendamente parcos. Eran mano de obra no cualificada, que no hablaba alemán y con pocas posibilidades de prosperar en una tierra de acogida que no fuera hispano parlante. Al retornar a España se enfrentaban a la necesidad de encauzar su vida y localizar la mejor inversión para sus ahorros. Para muchos de ellos esto pasó por comprarse un piso y buscarse una alternativa de autoempleo (en aquella época se podía hacer todo a la vez), abriendo muchos de ellos bares y locales de restauración, que convertirían a Barcelona y el área metropolitana en una de las zonas con la red más nutrida de HORECAS (Hostelería, restauración y cafeterías). ¿Quién no conocía el bar del gallego de la esquina? Un bar que nunca cerraba: pulpo los domingos, cenas los sábados... Las familias solían turnarse. Estaban todos a la hora de las comidas: La abuela o la madre en la cocina, el padre en la barra, y los “niños” sirviendo mesas... Abría el padre, por la tarde estaba la madre, los fines de semana los hijos...
Esos hijos de inmigrante, gracias al esfuerzo desmedido de sus padres -que quisieron darles lo que los no tuvieron- pudieron recibir una educación superior que les permitió aspirar a lo que quisieran. Y por lo visto muy pocos de ellos quisieron dar continuidad al negocio familiar de la restauración. Una elección comprensible en vistas del esfuerzo que durante años vivieron tan de cerca.
Los padres, fundadores del negocio, empiezan a ser mayores. Se jubilan. Aquellos ahorros primigenios que les permitieron comprarse un pisito y abrir un bar, se han convertido en una “fortuna” gracias a la especulación inmobiliaria.
Ahora estamos presenciando el relevo, no solo generacional, sino también cultural. El ascensor social está en marcha. Los bares dieron a los gallegos acceso a pisos superiores. Y ahora este piso social que queda libre está siendo ocupado por los nuevos inmigrantes, que esta vez son chinos o pakistanies. Esta por ver la personalidad que imprimen a sus locales. De momento se empeñan en minimizar el cambio dando lugar a absurdos lógicos: “Bar Chino Albariño???” Los gallegos se auto-emplearon abriendo bares gallegos. No pretendían mediante el traspaso, comprar una personalidad que no era la suya. Con el tiempo, estos bares étnicos se adaptarán. Estará por ver si los clientes también sabremos degustar las nuevas delicias culinarias con el mismo afán con que disfrutamos chocos, rabas y calamarcillos....

20.6.06

La dialéctica de la victoria

El viernes Argentina goleó a Serbia y Montenegro (6-0) en el partido del mundial, El domingo se aprobó el Estatut de Catalunya con un 75% de los votos a favor y ayer (lunes) España protagonizó una remontada en su partido contra Túnez, pasando del 0-1 al 3-1 final.

De todos estos fenómenos lo que me parece más interesante, dejando de lado el detalle del resultado y el motivo de la confrontación (deportiva o electoral), es la dialéctica de la victoria. Las reacciones de las personas ante la derrota y la competencia en momentos difíciles.

No deja de asombrarme que el criticadísimo Pékermán sea ahora un héroe nacional, la sede de ERC abarrotada y con ambiente festivo tras las elecciones autonómicas, estaba vacía. La afición española –animada tras la victoria ante Ucrania por 4-0-, llenó de ambiente festivo y de color las gradas del estadio de Stuttgart y la plaza Colón en Madrid... no obstante esta afición enmudeció con el gol tunecino. Las caras tristes y miradas silenciosas: no estamos hechos para perder. El derrotismo se apodera de muchos de nosotros cuando las cosas se ponen feas. Más de uno se preguntaba cómo se había vuelto a dejar engañar por al selección española.

Menudos bandazos emocionales. El efecto “bandwagon” (http://en.wikipedia.org/wiki/Bandwagon_effect) como explicación del comportamiento colectivo es un fenómeno estudiado y conocido y no por ello menos fascinante: ¿Qué es lo que hace a unas personas derrotistas y a otras combativas? ¿Por qué hay personas que aún siendo muy capaces necesitan empezar ganando e ir ganando siempre para no desistir de jugar, votar, o dar por perdida la partida?

Esto sin duda tiene también su lectura en el ámbito empresarial: cuando una empresa crece y da beneficios, sus empleados –algunos incluso maltratados laboralmente- no dejan de sentir cierto orgullo, llegando a hablar en primera persona del plural de su empresa, como cuando hablan de su equipo de fútbol (jugamos, hicimos, compramos....), sin embargo una empresa en pérdida es un barco del que se huye física o anímicamente: Sin necesidad de que sus puestos de trabajo peligren, los empleados con mayor proyección buscan otras alternativas e impera el lenguaje impersonal o de la distancia (hicieron, se decidió...). Supongo que por eso hay tantos líderes de su sector en las ofertas de trabajo.

Esta necesidad de triunfalismo se lleva mal con la vida cotidiana, más llena de pequeñas derrotas o premios de consolación que de grandes motivos de orgullo. Todos estamos obligados a jugar cada día partidos con el marcador en contra.

16.6.06

A pesar de.....

Recuerdo hace unos años. Me parece que no hace tantos...
Cuando empezaron las televisiones privadas: Tele 5, Antena 3, Canal + ...
Recuerdo que al poco tiempo surgió la oportunidad de acceder a los primeros contenidos via satélite. Con la simple colocación de una antena parabólica se podía tener acceso a multitud de canales, Sky News, BBC, ... no sé, cientos! Con el único inconveniente de que éstos eran canales en otros idiomas: inglés, francés, etc.
Recuerdo que mi padre propuso poner una antena parabólica comunitaria para todos los vecinos. La idea no prosperó.

- ¿Para qué quieres más canales? Además están en idiomas raros!

Ni siquiera conseguimos el permiso para poner la antena en el terrado. En aquel momento inicial, si los vecinos se negaban, te podían dejar sin satélite.
Al final mi familia puso la antena en el balcón, como más adelante harían otras muchas, obligando finalmente al ayuntamiento a regular la materia. Parece que finalmente sí que había gente que quería más canales.
Ahora soy yo el que lidio con mis propios vecinos, ya no es a través de mi padre. Ahora toca tener la TDT y no falta el vecino que dice:

- ¿Y para qué quieres más canales? Ya estamos bien como estamos

Me doy cuenta de que el inmovilismo es una actitud que actúa como una losa, una carga, a pesar de la cual se ha de prosperar.
Y esta reflexión me llevó a ver que no es solo en la comunidades de vecinos en donde las actitudes cerriles e inmovilistas privan de las mejoras que después incluso los vecinos que inicialmente de negaron, disfrutan: Anda! Que le quiten ahora el plus a los que no querían más canales!
Lo veo incluso en el panorama político. Durante la época franquista hubo quienes estaban muy a gusto con el sistema, y ¿Para qué cambiar? Se resistieron al cambio. Después cuando el cambio se produjo “a pesar de ellos” se sintieron cómodos e incluso legaron a gobernar en dos legislaturas. Cuando se definió el modelo de autonomías, anunciaron su negativa por la ruptura de España... unos años más tarde con numerosos presidentes de Comunidad Autónoma en sus filas, se replantearon las bondades de un sistema que ahora disfrutan y se diseñó a pesar de ellos... Este domingo los catalanes estamos llamados a las urnas para refrendar el Estatut de Autonomia que seguramente saldrá adelante a pesar de las posturas inmovilistas y las maximalistas. Seguramente cuando la reforma se instaure en sistema serán defensores acérrimos, porque su problema no es con el contenido sino con el cambio. Una actitud cobarde y retrógrada que no atiende a razones y que afecta a algo tan sumamente importante como es el proceso de paz en Euzkadi. Es triste que sean cobardes incluso para afrontar este cambio. Hay quien se siente más cómodo en una confrontación conocida que en una paz desconocida. Aún así espero, y desde aquí –donde nadie me oye- que “a pesar de ellos” prospere el proceso de paz. Una paz que se merecen los vascos y nos mecemos todos los españoles. Porque incluso ellos, seguro que se sentirán cómodos en una situación en que no los maten, tras un proceso de paz hecho a pesar de ellos.

Barcelona, 16/06/06

Desahogo de un ciclista

Hace a penas 5 días se cerró la semana de la bicicleta. Una semana llena de actos, actividades, publicación de información relativa al uso de la bicicleta, etc. Aún así esta mañana cuando me dirigía a la oficina en bicicleta, subiendo por la calzada de San Antonio María Claret hacia Paseo Maragall, llevaba pegado detrás a un energúmeno sobre los 50 que iba solo circulando por la ciudad con un BMW enorme... le faltaba el purito para completar la estampa!
No paraba de tocar el claxon. Al llegar al semáforo (al que se llega igual a 100, a 50 ó a 30 por hora!) le pregunté el motivo de su insistencia. A lo que respondió si quería que me atropellara (¡!), a pesar de la tentadora oferta, decliné el ofrecimiento y me interesé por saber a qué venía tal oferta:
- Hombre! Vas circulando por ahí, por en medio de la calzada!- espetó él.
- Las bicicletas son vehículos que pueden circular por la calzada- le expliqué, ya un poco molesto.
- Las bicicletas tienen que ir por el carril bici- Argumentó él.
- En esta calle no hay carril bici-
- Pues entonces, no se puede circular en bici-
El semáforo se puso en verde y yo me despedí animándole a que me denuncie a la Guardia Urbana.
Llegué a la oficina lamentándome de que tras el importante ejercicio de concienciación que supuso la semana de la bici, siga existiendo semejante cúmulo de atributos: Insensibilidad por la movilidad sostenible; Intolerancia hacia los medios de transporte alternativos; ignorancia de las reglas de circulación y arrogante obstinación en sus actitudes. No cabe duda. El diagnóstico es claro: sería del PP.

Barcelona, 16/06/06

14.6.06

El sentido del Blog

Un amigo me dijo que un blog es como una especie de diario personal que se escribe con la esperanza de que alguien lo lea.

Es como un mensaje en una botella escrito desde la isla desierta a la que fuimos a parar tras nuestros respectivos naufragios.

Y aquí estoy, llenando mis ratos muertos, a la espera de que un lector acuda al rescate de mi mensaje.